Jean Arthur, La estrella que quiso desaparecer.

Nacida en 1900 tuvo una infancia y juventud en la que vivió en muchos sitios por necesidades de la familia. Familia que en este periodo de tiempo sufrió varias situaciones dramáticas que hicieron de la joven una mujer sin miedos, arriesgada y con una gran capacidad de adaptación.

Pronto quiso ganarse la vida por ella misma en distintos trabajos, pero su belleza hizo que probara suerte como modelo, empezando por el cambio de color de pelo tiñéndose de rubia y continuando por el cambio de nombre, y Gladys Green adoptó el nombre de sus héroes de cuento, Juana de Arco y el rey Arturo, y pasó a llamarse Jean Arthur.

En 1923 debutó en el cine, fue a las órdenes de John Ford en “Cameo Kirby”, luego vinieron pequeños papeles y cortos en los que actuaba de chica ingenua.

En 1928 se casó con el fotógrafo Julian Anker, un matrimonio que pasó a la historia como el más corto de la historia del cine ya que al día siguiente pidieron la anulación.

Había fichado por la Paramount, pero con su carrera estancada en papeles sin importancia, en 1930 decidió probar suerte en Broadway, vivió el paso del cine mudo al sonoro en los escenarios. Volvió con una gran formación escénica y decidida a demostrar en Hollywood de lo que era capaz, pero con una gran duda, ¿Cómo aceptaría ahora el público del cine su voz demasiado nasal? Pronto lo averiguaría.

John Ford,en 1935, decidió contar con ella en una película de título premonitorio, “Pasaporte a la fama”, su voz resultó muy sensual al público y la acogida que le dio fue la de una estrella.

En 1936 protagonizó “El secreto de vivir” de Frank Capra junto a Gary Cooper, interpretando a una periodista. Ese mismo año repite con Gary Cooper en el “Buffalo Bill” de Cecil B. DeMille, donde hace el papel de Calamity jane.

Su segunda película con Capra llega en 1938, con James Stewart en la maravillosa comedia “Vive como quieras”. Un año después repetiría director y actor en con “Caballero sin espada”, y ese mismo año, 1939, participa también en “Sólo los ángeles tienen alas” de Howard Hughes con Cary Grant y Rita Hayworth.

Se había convertido en la reina de la Srewball comedy o comedia de enredo de los años 30, pero prácticamente lo único que le gustaba de Hollywood era los papeles que hacía. Hasta ese momento los papeles femeninos se ceñían a amas de casa, chicas en apuros o mujeres fatales y ellas se había convertido en el prototipo de la nueva mujer americana que surgía en aquellos años, la chica independiente, trabajadora, inteligente y moderna.

Frank Capra, le propuso el papel de mujer de George Bailey en “¡Qué bello es vivir!”, pero lo rechazó. También fue una de las actrices mejores colocadas para interpretar a Scarlett O´hara pero el papel fue para Vivien Leigh

Fuera de los rodajes odiaba las entrevistas y huía de las fiestas y las promociones, para muchos se había convertido en la Garbo americana.

Dentro de los rodajes había desarrollado un miedo escénico que entre toma y toma la obligaba a ir al camerino y después de vomitar volvía y clavaba la interpretación. También desarrollo una manía a su lado derecho e insistía a los directores de fotografía que solo la grabasen desde su lado bueno, el izquierdo.

En 1943, tras hacer un par de películas a las órdenes de George Stevens, harta de Hollywood se refugió en el teatro. Solo volvió para trabajar con Billy Wilder en “Berlín Occidente” en 1948 y en 1953 para la que sería su despedida del cine a las órdenes de Stevens para rodar “Raíces profundas”.

En 1940 se divorció de su marido Frank Ross, sin tener hijos, y no se le conoció ninguna relación posterior. Realmente desapareció por voluntad propia y no se supo nada de ella durante años, lo único que trascendió es que se dedicó a la enseñanza de interpretación en la escuela Vassar. De sus alumnas a una auguró un futuro muy prometedor en el cine, la joven alumna se llamaba Meryl Streep.



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