Cuando hablamos de Casablanca, entre los recuerdos que nos vienen es el de Ingrid Bergman pidiendo a Dooley Wilson "Tocala Sam, toca el tiempo pasará". Se imaginan como sería la película sin esa canción.
A Max Steiner, responsable de la banda sonora del film, no le gustó que los dos momentos musicales que estaban en la película, el del Himno de la marsellesa, y el de "As time goes by" no fueran originales. la carga emocional del himno francés era inevitable en la película pero intentó por todos los medios cambiar el tema principal por uno original suyo.
As time goes by había sido compuesta por Herman Hupfeld en 1931 para la comedia musical teatral "Everybody is welcome", en los siguientes años consiguió cierta fama gracias a distintas versiones.
Steimer presentó una canción basada en la música original que iba a ser el soporte musical del film, e interpretada por Dooley Wilson. Consiguió convencer a los productores. A Michael Curtiz no le gustaba la idea pero la tuvo que aceptar. Había que rodar de nuevo la escena del piano. Los escenarios estaban y solo había que recuperar el vestuario. Todo estaba preparado.
Convocaron a Ingrid Bergman a una reunión con la productora, Steimer y Curtiz para comunicárselo y cuando ella se presentó el proyecto se vino abajo inmediatamente. La actriz ya había empezado a preparar su siguiente proyecto y lucía el corte de pelo radical con el que aparece en "Por quién doblan las campanas".
Steimer contrariado tuvo que adaptar la banda sonora al tema principal con el que todos asocian la película.
Y el tiempo pasó y As time goes by se convirtió en la canción más famosa de la historia del cine.
Era más que probable que “Lo que el viento se llevó” iba a ser censurada. Los militares y diplomáticos alemanes, que ya habían conseguido que España se declarase País no Beligerante en la guerra mundial, presionaban, apoyados por la iglesia, para que la película no se estrenase. Pero la embajada de los Estados Unidos se adelantó y programó un pase para la prensa y las autoridades en el cine Capitol, en plena Gran Vía. El objetivo era intentar evitar esa censura, que la película se estrenase y que a ese estreno asistiera uno de los protagonistas, Leslie Howard, pero más con un sentido espio-diplomático que promocional
La tarde de la presentación, grupos falangista intentaron un boicot y llenaron la Gran Vía de tachuelas y clavos, y nadie pudo llegar hasta el cine en coche, pero nadie quería dejar de ver la película de la que todo el mundo hablaba, y fueron andando desde donde los coches quedaron pinchados hasta el cine, convirtiendo la Gran Vía en una pasarela de toda la gente importante.
Entre las personas que asistieron, por invitación expresa del embajador, estaba Conchita Montenegro y su prometido el diplomático Ricardo Giménez-Arnau. La actriz había trabajado en Hollywood y había tenido una relación directa con los actores principales de la película. Conchita recordaba que se tuvo que preparar un texto para una prueba, y quien le daba la réplica era un actor que en un momento del papel, en la que tenía darle un beso fue demasiado apasionado, la española le soltó un empujón, que la leyenda convirtió en un tortazo, pero el caso fue que al actor, que no era otro que Clark Gable, ese carácter le gusto y dijo que esa chica valía mucho. Eso le abrió la puerta de la MGM con quien firmó un contrato. En 1931 en la película “Prohibido” la actriz conoció a Leslie Howard, con quien comenzó un romance a pesar de su diferencia de edad, ella tenía 19, él tenía 40 y estaba casado, pero eso no fue ningún obstáculo. El romance duró cuatro años y cuando terminó se convirtió en una gran amistad.
A la presentación asistió la flor y nata de la sociedad, y entre los mil asistentes estaba la máxima autoridad eclesiástica, el obispo de Madrid, y varios ministros con sus familias. Nadie quería perderse “Lo que el viento se llevó”. La película llegó al público, que tomaba partido por Scarlett, Melania, Rhett Butler o Ashley Wilkes. Cuando llegó la famosa escena del beso entre Clark Gable y Vivien Leigh, aparecieron los boicoteadores con gritos a favor de la falange y el nazismo, y en defensa de la dignidad y la vergüenza, y lanzando clavos a la pantalla. Las autoridades e incluso el obispo intentaron mediar para tranquilizar los ánimos pero la película estuvo parada una hora hasta que las fuerzas del orden público desalojaron a los alborotadores.
La película fue un éxito. El mismo obispo se la recomendó a Franco que pidió una copia para verla en privado. Esté también quedó encantado con la película, y se manifestó partidario de que se distribuyera en toda España por el retrato que el film hacía del sufrimiento, la supervivencia y la reconstrucción de un país tras una guerra. Pero por la presión de los nazis y la iglesia finalmente fue censurada.
Entre las escusas, los censores observaron una alegría excesiva, que indicaba a las claras una delectación concupiscente, definitivamente pecaminosa, en la cara de la protagonista, Scarlett O´Hara, al día siguiente de su noche de bodas tras su matrimonio con Rhet Batler.
Lo que el viento se llevó no se estrenó en España hasta 1950, diez años después de la presentación organizada por la embajada de Estados Unidos.
La trama de espionaje que se había preparado con el estreno no funcionó y hubo que buscar un nuevo plan para la visita de Leslie Howard. El actor llegó a España para dar unas conferencias sobre Hamlet y el teatro de Shakespeare y para preparar una futura película en la que interpretaría el papel de Colón. Realmente el espionaje británico del que formaba parte el actor, había preparado una entrevista secreta con Franco, la entrevista había sido concertada por Ricardo Giménez-Arnau, pareja de Conchita Montenegro, la que fuese amante de Leslie Howard.
El actor era portador de un acuerdo que enviaba Churchill a Franco por el que si España volvía a la neutralidad y no participaba en la II Guerra Mundial, el gobierno Británico reconocería el gobierno del dictador. Franco aceptó el acuerdo. Leslie Howard murió cuando volvía a Londres vía Lisboa al ser derribado el avión en el que viajaba por el ejército alemán.
Si hay un personaje que se identifica con una actriz ese es el de Scarlett O´hara que interpretó Vivien Leigh. La inglesa tuvo mucha competencia y todo por una campaña de marketing creada por el productor David O. Selznick para ganar tiempo.
Cuando Gone with the wind era un proyecto de libro fue ofrecido a todas las productoras, pero todas lo rechazaron. Cuando el libro salió a la venta, Selznick, convencido por su jefe de guionistas, cambió de opinión. El precio había subido considerablemente y tuvo que comprar los derechos por 50000 dólares. El libro se había convertido en poco tiempo en un bestsellers.
Algo que Selznick tuvo claro desde el principio era que quería a Clark Gable para el papel de Rhett Butler, pero éste tenía un contrato en exclusiva con la MGM. El acuerdo al que llegó Selznick con su suegro, Louis B. Mayer, fue la cesión de la distribución y el 50 % de los beneficios, a cambio de Clark Gable y la mitad del presupuesto de la película, 1.250.000 dólares. Para cumplir con este acuerdo, el productor que ya tenía un contrato de distribución con United Artist, tuvo que esperar dos años a que ese finalizase.
Selznick ya tenía el protagonista, Gable y el director George Cukor. Para encarnar el papel de Scarlett organizó el primer casting masivo y abierto de la historia, que duro los dos años que tenía que esperar para empezar la película. La publicidad que consiguió no tenía precedentes. La gira por todo el país buscando una actriz costó 100.000 dólares.
La película tenía tanta fama antes de empezar el rodaje que unas 1500 candidatas de todos los lugares de América, casi 900 de ellas chicas sureñas, se presentaron al casting. Un centenar de actrices profesionales compitieron por el puesto. Bette Davis o Katherine Hepburn, las mejores actrices de la época y posiblemente también de la historia del cine, fueron rechazadas ya que no daban el perfil de una chica de 16 años. Entre las seleccionadas para el papel estaban Jean Arthur, Tallulah Bankhead, Joan Bennet, Nancy Colleman, Paulette Goddard, Lucille Ball, Edythe Marrenner (Susan Hayward), Joan Fontaine, Barbara Stanwyck, Mae West o Lana Turner. La mejor colocada era Paulette Godard, esposa de Chaplin y que acababa de terminar “Mujeres” a la orden de Cukor.
A pesar de estar casi convencido, Selznick hizo una encuesta pública, entre las actrices que estaban ya haciendo las pruebas de cámara, entre ellas incluyó a una actriz británica que no había participado en el casting, Vivien Leigh.
Myron Selznick, hermano del productor, la había conocido en Inglaterra donde estaba buscando talentos. Cuando Myron supo que Laurence Olivier viajaba para firmar como protagonista de Rebeca, la siguiente producción de su hermano, le pidió a Vivien que le acompañara, con la finalidad de optar al papel de señora de Maximilian de Winter en la misma película.
David O. Selznick supo desde el primer momento que Vivien Leigh iba a ser Scarlett O´hara, no Lady Winter.
La encuesta empezó a generar polémica ya que la mejor colocada, la neoyorkina Godard, no era bien vista en los estados del sur para interpretar a una chica sureña. Eso era algo a tener en cuenta, porque si la película había levantado expectación en todo el país, en el sur fue pasión, hasta el punto que el día del estreno se declaró festivo en Atlanta. En esa encuesta. Vivien Leigh sólo tuvo un voto, pero era el que importaba, el del productor, la decisión era firme.
Algunas de las candidatas no se lo tomaron muy bien como Joan Fontaine, a la que le ofrecieron el papel de Malania Hamilton. Ella indignada dijo: “Para hacer de pava es mejor que llamen a mi hermana Olivia”. Su hermana y más ferviente enemiga, Olivia de Havilland obtuvo el papel y con él su primera nominación al Oscar.
Lucille Ball, no le perdonó nunca a Selznick ser rechazada para el papel. 15 años después, convertida en la estrella de la televisión más grande de los 50, compró los estudios Selznick a los que por venganza llamó “Desilu productions”
Así fue como Vivien Leigh consiguió el papel más deseado de la historia del cine, por el que cobró 25.000$, la mitad de lo que se pagó por los derechos de la novela, y una cuarta parte de lo que cobró Clark Gable, a pesar de tener más del doble de días de rodaje.
Con el papel de Scarlett O´Hara, Vivien Leigh ganó el Oscar, aunque el mayor premio, fue pasar a la posteridad con el personaje femenino más famoso de la historia del cine.