El ministerio del miedo. Cuando los espías tomaron el ministerio

El ministerio del miedo ha sido una película alabada por muchos, entre las excepciones la del propio Fritz Lang, que siempre se quejó de que no le dejaran hacer a su gusto esta película. Cuando leyó la novela de Graham Greene, le gustó tanto que decidió hacerse con los derechos, pero se le adelantó la Paramount que conocedores de su interés le ofrecieron dirigir la película, y Lang no lo dudo. Dentro del acuerdo estaba la imposición de respetar el guion, y cuando el director lo leyó quiso desvincularse del proyecto, pero era demasiado tarde y tuvo que cumplir con el acuerdo, como siempre en su carrera, profesionalmente.

A pesar de que el guion no era para nada como él lo hubiese escrito, aportó al film una dirección magistral con una mezcla de espionaje, suspense, y thriller psicológico con una puesta en escena en la que desarrolla todos los trucos del cine negro. 

Apoyándose en una gran fotografía en blanco y negro de Henry Sharp, y una iluminación de la que se encargó el propio Lang, logró aportar a la historia algunas escenas fantásticas como el inicio de la película, con un reloj marcando el tiempo que le falta al protagonista para salir de un sanatorio mental donde ha pasado dos años, (nunca unos títulos de créditos han sido tan hipnóticos), la sesión de espiritismo con una voz en off que te hace entrar en trance, o un viaje en tren junto a un hombre ciego que sirve para recordarnos que estamos en el Londres que sufrió los bombardeos alemanes de la II Guerra mundial.

Lang aportó a la película un gran ritmo narrativo para hacer olvidar alguna laguna en el guion, y en poco más de ochenta minutos nos narra una historia a la que nos ha enganchado desde el primer momento con dos elementos, un reloj y una tarta.

La película por momentos recuerda el cine de Hitchcock, pero cuando se ve Con la muerte en los talones es inevitable recordar El ministerio del miedo. Ray Milland, que trabajó con los dos directores, aparta a la película la credibilidad de un personaje que cuanto más intenta solucionar el problema en el que se ha metido más se involucra en la trama.

En una carrera llena de obras maestras esta película puede estar considerada por algunos una obra menor, no es mi caso, pero ya sabéis, una obra menor de Fritz Lang es una gran película, por supuesto, obligada de ver.


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