Desde su primera película los Hermanos Marx definieron los personajes que iban a representar desde ese momento.
Harpo, asumió el papel de mudo que tocaba el harpa y la imagen en la que vestía una gabardina de la que es capaz de sacar cualquier cosa de sus bolsillos.
Chico, el liante que tocaba el piano, inseparable de su sombrerito.
Zeppo que no aparecía en todas las películas, era el galán.
El cuarto hermano, Groucho, era el alma del grupo. Con levita, un bigote pintado y su inseparable puro tenía la apariencia de respetable. Era capaz de pasar del disparate a la más mordaz sátira y generar una profunda reflexión.
Era frecuente ver a Groucho Marx en la pantalla con un cigarro puro. Más que un vicio era un recurso interpretativo que aprendió cuando, con sus hermanos, había recorrido varias veces los Estados Unidos con su espectáculo de vodevil.
Un viejo comediante le enseño un truco: «Si te olvidas una línea, todo lo que tienes que hacer es ponerte el cigarro en la boca y fumar hasta que te acuerdes de lo que te has olvidado». Nunca lo olvidó y usó el puro no solo para ganar tiempo ante un olvido, también lo usó para separar frases ingeniosas y dar tiempo al público a reír, y sobre todo para crear una imagen para la historia.

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