Si decimos que Fritz Lang es un maestro del cine negro no vamos a descubrir nada nuevo.
En los cuarenta nos presentó dos obras maestras del género, “La mujer del cuadro” y “Perversidad” con la misma pareja protagonista, Edward G. Robinson y Joan Bennet, y con los mismos personajes, el hombre atrapado por la femme fatale.
En los cincuenta cambió de pareja protagonista pero con el mismo resultado, dos obras maestras, “Los sobornados” y “Deseos humanos”, ellos eran Glenn Ford y Gloria Grahame.
El film “Los sobornados” nos descubre todo lo malo que puede engendrar la sociedad, si ya de por si el cine negro nos muestra el lado más podrido de la sociedad, nadie nos lo cuenta como Fritz Lang en “Los sobornados”. Es una historia cruelmente posible que está llena de momentos dramáticos, que nos muestran un sistema corrupto donde miserables y traidores capaces de todo campan a sus anchas.
Glenn Ford, en el que es uno de los mejores papeles de su gran carrera, interpreta un detective de policía que obligado por las dramáticas circunstancias camina, siempre incorruptible, por el filo de lo moral y lo legal.
Gloria Grahame está espectacular en un papel ambivalente como chica del gánster que quiere huir de ese mundo oscuro. Impresionantemente bella incluso cuando muestra las dos caras. Siempre enfrentada a Lee Marvin, en el papel que le proporciono el espaldarazo definitivo en su carrera. El tercero de esta película al que podría asignársele el título de mejor papel de su carrera, Vince Stone, el matón sádico y elegante.
Los demás secundarios, igualmente, están geniales, la amante y perfecta esposa interpretada por Jocelyn Brando (si, es la hermana de Marlon), y sobre todo Jeanette Nolan, la que monta toda la historia, siendo, frente a la ética de su suicida marido, la que quiere sacar tajada. Para la historia del cine deja la famosa frase: “Alguien va a pagar por esto... porque se olvidó de matarme”.
La película, con música, guion y fotografía espectaculares, empieza con un ataque de integridad, que unos tratan de ocultar y otro de descubrir, a partir de aquí todo es cine negro del mejor.
El impecable guion está basado en un serial del Saturday Evening Post, de William P. McGivern, editado como una novela titulada como "The Big Heat", pero la dirección de Fritz Lang del film con el mismo título es apoteósica, consiguiendo una obra maestra que se constituye como una de las cimas del cine negro.
Una obra maestra obligatoria.

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