Billy Wilder, Marilyn Monroe y una escena para la historia

Marilyn Monroe + Billy Wilder = película mítica de la historia del cine. 
Y ese es el caso de “La tentación vive arriba”. Aunque el director no quedó contento con el resultado al no permitírsele el final que él deseaba, la película fue un éxito rotundo de público. Dos hechos, uno consecuencia del otro, dieron una gran publicidad a la película.

 
Si por algo pasó la película a la categoría de mítica, fue por la escena en la que la actriz pasa sobre unas rejillas de ventilación de la calle y su vestido blanco echa a volar. Era el año 1955 y la imagen para la leyenda le costó a Marilyn el matrimonio. 

La escena había levantado expectación desde el rodaje, la productora para promocionar la película montó en público la escena de Marilyn saliendo del cine, con el aire del metro levantándole la falda en plena Avenida Lexington de Nueva York, y cientos de curiosos se agolparon para ver la grabación. Tuvo que intervenir la policía para acordonar la zona de rodaje pero la repetición de la toma se hacía una y otra vez para satisfacción de los curiosos. 

Entre los que presenciaban la imagen de Marilyn sobre la rejilla del metro enseñando sus piernas y algo más, estaba su marido, Joe DiMaggio. En su cara se apreciaba que estaba muy incomodo por la situación, cada toma era recibida con silbidos de admiración, por llamarlo de alguna manera, hacia su mujer. 

Según recordaba Wilder: “Podía ver en el rostro de DiMaggio lo mal que iba su matrimonio. Sabía desde el principio que no iba a acabar bien, pero sobre todo en la escena delante del cine. Cada vez que el vestido volaba, él se volvía hacia otro lado”. 

La escena era promocional, todo estaba controlado, la actriz incluso había tomado la precaución de usar una braga sobre otra para que no se viese más de lo que ella quería. De la escena en la calle solo se iban a usar primeros planos de la actriz que disfruto con el baño de multitudes, pero los planos generales que se iban a incluir en el film se iban a grabar en estudio, pero eso DiMaggio no lo sabía y le indignó lo que considero un exceso de exhibicionismo que su mujer consentía. 

El celoso jugador de Beisbol decidió esperar a su mujer en el hotel, desde el hall del hotel empezaron los insultos y en la habitación se oyeron gritos y golpes. Esa noche Marilyn recibió el maltrato físico de su marido una vez más, pero fue la gota que colmó el vaso. 

El rodaje se suspendió cuatro días y las maquilladoras tuvieron que emplearse a fondo para disimular los moratones cuando la actriz se reincorporó. Cuando lo hizo Marilyn ya había tomado la decisión de divorciarse con todas las consecuencias. 


La actriz se refugio en calmantes y somníferos, llegaba siempre tarde y la susceptibilidad estaba tan a flor de piel, que cada llamada de atención por su impuntualidad o por los errores en sus frases terminaba con la actriz en un mar de lágrimas. 

Billy Wilder juró que no volvería a trabajar con ella, pero cuatro años mas tarde la dirigía en “Con faldas y a lo loco” y lo hubiera hecho una vez más en “Irma la Dulce” si Marylin no hubiese fallecido cuando se estaba preparando la película. 

La relación del director con la actriz la definió el mismo Wilder con una de sus agudas frases, "Marilyn era como la Segunda Guerra Mundial: fue el infierno, pero valió la pena".



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