Desde que Huston debutase como director en “El halcón Maltés”, Bogart había protagonizado tres de sus cuatro películas, y entre ellos se había fraguado una gran amistad.
En 1948 esta amistad no atravesaba el mejor momento a pesar de que el director era habitual en casa de los Bogart. La causa del distanciamiento era que el actor se había retractado del motivo por el que habían participado ambos en la marcha contra el Macartismo a Washington, Bogart, presionado por los estudios, se había echado atrás defendiendo que la marcha era en favor de la libertad de expresión.
En cualquier caso, Lauren Bacall propuso, para limar asperezas, que o bien se fueran de vacaciones a Florida, o que Huston y Bogar hicieran otra película juntos. E hicieron las dos cosas, una película en los cayos de Florida, “Cayo Largo”.
La película está basada en la obra de teatro del mismo título de Maxwell Anderson, con un inspiradísimo guion de Richard Brooks, que narra la llegada de un ex militar a Cayo Largo para transmitir las condolencias a la viuda y el padre de su compañero caído en combate. Estos regentan un pequeño hotel a donde llega huyendo de la amenaza de un huracán, un gánster, Johnnny Rocco, con sus secuaces. Estos mantienen como rehenes a la viuda, a su suegro impedido y al ex militar hasta que pase la tormenta.
Huston quiso aprovechar el tirón de la química de su pareja amiga. Sería la cuarta y última película que rodarían juntos Bogart y Bacall. Para el papel de gánster eligió un clásico de estos personajes, Edward G. Robinson, que ya estaba en el punto de mira de la caza de brujas, y al que durante el rodaje Bogart trató como a la estrella de la película.
Junto a ellos, un Lionel Barrimore que interpretaba al propietario del hotel postrado en una silla de ruedas, ya que él se encontraba en la misma situación como consecuencia de una terrible artritis. El gran reparto lo cierra Claire Trevor en el papel de novia alcohólica del gánster, para la que Huston reservaba una escena que no estaba detallada en el guion, y en la que tuvo que improvisar una canción. Cuando terminó la interpretación el equipo de rodaje rompió en aplausos y Barrimore lanzó un premonitorio comentario: “por esto le van a dar un oscar”.
Los cara a cara que nos brindan en esta película Bogart y Robinson son autenticas masterclass de interpretación y la suma de guion, dirección y las interpretaciones de los cinco actores hacen de “Cayo Largo” una imprescindible obra maestra del cine negro.

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