Ingrid Bergman nació un 29 de agosto de 1915 y murió el mismo día 67 años después.
Ingrid
Bergman siempre tuvo claro que quería ser actriz. Huérfana de madre desde los
tres años, su padre la apoyó en su deseo de ser actriz, en principio para
combatir su gran timidez. Pero su padre murió cuando tenía 14 años y su tío con
quien vivió tras quedarse huérfana, no la apoyaba, primero porque no estaba
bien visto y segundo porque sus notas de estudios eran fantásticas. Su padre le
había dejado todo a su hija para que consiguiera su sueño y su tío solo le
permitió una oportunidad, si no era admitida en The Royal Dramatic Theater
School, donde también estudió Greta Garbo, no podría volver a intentarlo.
Ingrid, segura de sí misma, aceptó.
La
institución The Royal Dramatic Theater School requería a cada actor que
representara tres piezas, después de lo cual, los jueces seleccionarían dos de
ellas, si el aspirante era rechazado se le daba un sobre marrón y si era
aceptado, un sobre blanco. Ingrid decidió representar una comedia. Mientras
actuaba, los miembros del jurado no parecían verle la gracia, ni siquiera
prestaban mucha atención. De pronto, tras la primera lectura, le dijeron que
podía retirarse sin darle la oportunidad de la segunda. Más de medio siglo
después Ingrid recordaba su desengaño:
“Cuando
abandonaba el escenario estaba de luto, me encontraba en un funeral. El mío.
Era la muerte de mi yo creativo. Tenía el corazón roto de veras. Al salir a la
calle, Estocolmo, que siempre me había parecido tan hermoso, ya no lo era, y
los actores y actrices que esperaban a recoger su sobre, se reían y burlaban de
mí, ¿Por qué no lo has cogido? me preguntaban entre risas. Cada vez me sentía
peor. Aunque casi no veía nada porque tenía los ojos llenos de lágrimas. Cuando
llegué a casa, me estaban esperando mis primas, me dijeron que había llamado un
actor amigo de ellas que había participado en las pruebas. Él había conseguido
un sobre blanco y preguntó que por qué yo no había recogido el mío. Le pregunté
si sabía de qué color era mi sobre. Me dijo que era blanco. Salí volando. Corrí
todo el rato hasta recoger mi sobre blanco. Estaba entusiasmada. Llevada por la
agitación, rompí el papel de dentro al abrir el sobre. Años después conocí a
uno de los miembros del jurado y le pregunté por qué habían interrumpido mi
lectura tan pronto. Él me dijo: “Nos encantó su seguridad y su impertinencia.
Hablamos y no vimos ninguna necesidad de perder el tiempo. Sabíamos que era
fabulosa y tenía un talento innato. Su futuro como actriz estaba asegurado”.
Aquella noche, cuando me enteré de lo del sobre blanco, fue la noche que cambió
mi vida.”
Así fue
como se convirtió en actriz, la que sería una de las más grandes de la historia
del cine.

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