“Que el cielo la juzgue”, (“Leave her to heaven, 1945, John M. Stahl)

Sobre “Que el cielo la juzgue”, Martin Scorsese, dijo: “Dentro del cine clásico, es el filme que mejor ha retratado cómo los celos pueden corromper hasta el alma más pura o más bella”

Esa alma pura o bella corresponde al de uno de los rostros más bonitos de la historia del cine, el de Gene Tierney. Nos había enamorado como a Dana Andrews en Laura, pero hay que reconocer que en esta película…¡Qué buena Gene Tierney haciendo de mala!

La película está basada en el libro “Que el cielo la juzgue”, de Ben Ames Williams que toma el título de “Leave her to heaven”, una frase del Hamlet de Shakespeare que se traduciría como “Deja esa tarea al cielo” y continua, “que las agudas puntas del remordimiento que tiene fijas en el pecho, la hieran y la atormenten”.

John M. Stahl, un director infravalorado si tenemos en cuenta que ya tenía en su haber películas como “Sublime obsesión”, “Imitación a la vida” o “Las llaves del reino”, contó con la mirada de Tierney que endulza la historia para mezclarla con arsénico. Si hubiese sido otra actriz hubiese sido una loca celosa pero a ella se le perdona todo, hasta considerarla una amante esposa enferma de obsesión, incluso digna de lastima.

El papel de principal de Ellen Berent, fue ofrecido a Rita Hayworth que lo rechazo, lo que aprovecho Gene Tierney en pleno apogeo para conseguir una nominación como mejor actriz. Junto a ella Cornel Wilde, que fue descubierto en el teatro por Laurence Olivier, desde donde paso a la interpretación en el cine y de ahí a la dirección. No podemos olvidar tampoco a Jeanne Crain, otra belleza que aporta dulzura al film, y el personaje de carácter de la obra, Vincent Price.

Desde el principio cada línea de los títulos de crédito está subrayada por la fantástica música de Alfred Newman que nos avisa de que lo que vamos a ver es cine con mayúsculas.

La película tiene dos partes diferenciadas, la primera, melodramática, en la que nos muestra una mujer especialmente bella que enamora, pero de verdad. La segunda en la línea del mejor cine negro, cuando la belleza se transforma en una obsesión capaz de cualquier cosa.

La película obtuvo cuatro nominaciones a los Oscar, actriz, sonido, decorados y fotografía que obtuvo el premio en la persona de Leon Shamroy, uno de los grandes directores de fotografía con 18 nominaciones y cuatro Oscars, y que en “Que el cielo la juzgue” hace uso del Technicolor para sacar la mejor imagen, sobre todo de sus estrellas.

Unas veces por el argumento, otras la música, otras por los paisajes naturales impresionantes que lejos de dar libertad encierran a los personajes, y otras por la mirada de Gene Tierney, el caso es que la película te atrapa de principio a fin y se pasa volando, y eso en un filme lo dice todo.

En resumen, esta joya es una obra maestra del melodrama, y del cine negro hecho en technicolor para gloria de una de las actrices más bella de la historia del cine.




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