Las cosas se iban a poner difíciles, el joven judío Samuel Wilder lo supo en cuanto Adolf Hitler fue elegido canciller de Alemania en 1933 con su discurso antisemita. Wilder había nacido en 1906 y con 21 años se traslado a Berlín, donde se buscó la vida trabajando de reportero, guionista e incluso gigoló, aunque este último trabajo siempre lo justifico como un trabajo de investigación periodística. Pero a él realmente le gustaba escribir guiones y se le daba muy bien. Escribió decenas de guiones para la Ufa, una de las compañías de cine más importantes de Alemania. Cuando Hitler llegó al poder hizo las maletas y se marchó a París. Un año después, en 1934 ponía rumbo a Estados Unidos.
Sin apenas hablar inglés y con 11 dólares en el bolsillo, el joven Wilder llegó a Nueva York. En honor a su madre adoptó el nombre con el que ella le llamaba, Billy, por el espectáculo de Búfallo Bill, que ella presenció en Estados Unidos cuando era joven.
Nada de lo que había hecho hasta entonces le servía como carta de presentación, así que lo primero que hizo fue ponerse con el idioma, algo fundamental para un guionista, asistía a clases, leía sin parar libros y prensa y no dejaba de escuchar la radio, y sobre todo escribía. Cualquier trabajo le venía bien para ir ganando algo de dinero, cuando por fin ahorro lo justo puso rumbo a Hollywood.
Pero allí las cosas tampoco fueron fáciles, empezó a ir de compañía en compañía presentando sus guiones, pero las productoras demandaban otro tipo de historias, algunos de los guiones rechazados los dirigiría él mismo posteriormente. Compartió apartamento con otro refugiado judío huido del régimen nazi, Peter Lorre. A esos duros años, con el humor que le caracterizaba, Billy Wilder los llamó “los años de las bajas calorías”.
Supo adaptarse a lo que Hollywood pedía y consiguió firmar un contrato con la Paramount que le incluyo en su nómina de guionistas. Tuvo que escribir guiones mediocres que era lo que demandaba el cine del momento hasta que su carrera despegó.
Billy Wilder se convirtió en unos de los más grandes guionistas y directores de la historia del cine y nunca olvido sus orígenes, y lo duro que fue su época de refugiado en Estados Unidos hasta que Hollywood le consideró uno de los suyos.
En 1993 cuando Trueba ganó el Oscar a la mejor película extranjera se lo dedicó diciendo “Me gustaría creer en Dios para darle las gracias, pero sólo creo en Billy Wilder, Gracias Mr. Wilder”. Wilder, ejemplo para muchos profesionales, aún vivía, obligado a un retiro forzoso a pesar de sus seis Oscars y de estar en perfectas condiciones, porque por su avanzada edad las aseguradoras no permitían la financiación de sus proyectos. Había quedado muchos años atrás ese momento en el que Dios con su traje de refugiado llegó a Estados Unidos.
Seguimos hablando de cine en el grupo de facebook
Que nadie olvide su obra.
Aquí, un amigo; Fedora; Primera plana; ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?; La vida privada de Sherlock Holmes; En bandeja de plata; Bésame, tonto; Irma la dulce; Uno, dos, tres; El apartamento; Con faldas y a lo loco; Testigo de cargo; Ariane; El héroe solitario; La tentación vive arriba; Sabrina; Traidor en el infierno; El gran carnaval; El crepúsculo de los dioses; Berlín Occidente; El vals del emperador; Días sin huella; Perdición; Cinco tumbas al Cairo; El mayor y la menor; Curvas peligrosas
Documentación
Billy Wilder para principiantes
Billy Wilder: El hombre, el guionista y sus comienzos como director

No hay comentarios:
Publicar un comentario