Elia Kazan quería producir para el teatro la obra de Tennessee Williams “Un tranvía llamado deseo” a las pruebas se presentó un buen actor pero que era demasiado joven, sólo tenía veinte años. Para Kazan era ideal pero tenía un acuerdo con el autor de la obra, no elegiría el actor principal sin el visto bueno del dramaturgo, así que pidió al actor que viajase hasta la residencia de Williams para que le conociese.
El productor pagó el viaje a Brando, pero este decidió
viajar haciendo autostop y aprovechar para conocer mundo con el dinero que le
habían dado. Apareció en casa del escritor dos días después de cuando habían
quedado.
Williams confundió al joven con un fontanero al que estaba
esperando porque se le habían roto las cañerías. Después de arreglar el
problema domestico y cobrar, Marlon Brando se dio a conocer. Cayó muy bien al
autor, y así se hizo con el papel de Kowalski para el teatro. Seis años más
tarde hizo para el cine el mismo papel que le catapultó al estrellato.

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