Dolores Hart se crió con su abuelo, un operador de cine que le enseñó de que iba ese mundo del séptimo arte. Ella era hija de los actores Bert y Harriet Hicks, que la tuvieron con 18 años, y poco después se divorciaron. Le costó dejar a su abuelo, pero le quedaba el consuelo de irse con su madre a vivir al sitio donde vivían las estrellas que había visto en la sala de proyecciones, Beberly Hills.
Estaba en la universidad
cuando probó suerte en un casting para participar en la película “Loving You”, junto a Elvis Presley. Era muy guapa, se manejaba con soltura y fue la elegida. En la película ella y Elvis, se debían dar un beso apasionado que
duraba 15 segundos, pero que llevó horas de rodaje hasta que salió como el
director quería porque a los dos le salían los colores. Era el primer beso ante las cámaras para los dos, pero para la joven también era el primer beso de su vida.
Después coincidió de
nuevo con Elvis en la película King Creole. A pesar de que la joven actriz
había rechazado las proposiciones para quedar fuera de los rodajes en la
primera película, fue Elvis el que la propuso para su segunda película juntos.
La cara de Dolores Hart
ya se había hecho conocida, y tras sus éxitos junto al rey del rock, cambio
totalmente de registros. En una de sus películas interpreto a Santa Clara de
Asís para la película de Michael Curtiz, “Francisco de Asís”. La película
estrenada en 1961 se rodó íntegramente en Italia y el papa Juan XXIII concedió
audiencia a los actores y el director, algo que marcaría a la actriz para siempre.
Solo haría después un par
de películas más. La actriz había hecho una decena de películas a las ordenes, entre
otros, de Curtiz o Cuckor, y teniendo por compañeros a Montgomery Clift, Stephen
Boyd, Robert Wagner, George Hamilton, Anthony Quinn, Myrna Loy o Anna Magnani,
y obtuvo una nominación a los globos de oro. En Broadway también había
cosechado un importante éxito, había sido nominada a un Tony y ganado el Theatre
World Award .
Era 1963 y Dolores Hart tenía
una carrera prometedora, un contrato encima de la mesa muy importante de la
Metro que quería convertirla en una estrella, estaba comprometida con el empresario
Don Robinson y tenía 25 años, pero lo dejó todo y anunció que ingresaba en un
convento de clausura. Nadie lo podía entender, pero la decisión era firme.
Casi 50 años después, en
2012, la reverenda madre Dolores Hart, paseo por la alfombra roja de Hollywood
para la entrega de los Oscars, el documental sobre su vida y su vocación, “Dios
es más grande que Elvis”, estaba nominado a los premios de la academia.
Cada año la abadesa del
monasterio benedictino de Regina Laudis en Bethlehem, Connecticut, Dolores
Hart, es la única monja con derecho a voto de los Premios Óscar de la Academia
de Ciencias y Artes Cinematográficas de los Estados Unidos. Fue uno de los
suyos y Hollywood no lo ha olvidado.

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