Margaret Sullavan, la actriz que odiaba a Hollywood

Margaret Sullavan fue de esas actrices que tenían carácter, por eso llegó a ser actriz. Era hija de un rico corredor de bolsa que se oponía a que estudiase para ser actriz. Cuando su padre le retiró su asignación, ella se puso a trabajar en una librería para costearse sus estudios. 

Debutó en el teatro en la compañía University Players, allí conoció a dos grandes amigos, James Stewart y Henry Fonda, el primero sería su amigo toda la vida, el segundo se convirtió en su primer marido, su matrimonio duró menos de dos años. 

El teatro era realmente su vocación, e independientemente de la calidad de la obra, su interpretación siempre destacaba. Por ese motivo, cuando Hollywood fue a buscarla no cedió a sus imposiciones y dijo no a los contratos de cinco años de Paramount y Columbia. Finalmente, firmó por seis películas en tres años, siempre que entre rodajes se le permitiese volver al teatro. 

En 1933, con 24 años, debutó en el cine directamente protagonizando "Parece que fue ayer", a pesar que fue un gran éxito, ella no estuvo contenta con su interpretación e intento comprar su contrato y dejar el cine, pero Universal no aceptó. 

Su segunda película, "¿Y ahora, qué?" tocaba temas sociales y la Universal era reacia a hacerla, pero Sullavan impuso su voluntad y los estudios cedieron por temor a que pudiera rescindir su contrato. Durante el rodaje de su siguiente película "Una chica angelical" se casó con el director, Willian Wyler. 

Como realmente lo que deseaba era hacer teatro y Hollywood tampoco le importaba tanto como a otras actrices siempre tensaba la cuerda con los estudios para imponer su voluntad. En "Cuando volvamos a amarnos", impuso a los estudios a su compañero de reparto, un chico alto, delgado y desconocido. Los estudios no apostaban mucho por él cuando le conocieron, pero aceptaron por temor a que ella abandonara el proyecto. Esa fue la primera de las cuatros películas que protagonizaron juntos Margaret Sullavan y James Stewart. 


Después de tres éxitos consecutivos, "La hora radiante", "Tres camaradas" y "Tormenta mortal" a las ordenes de Frank Borzage, en 1940 Ernst Lubitsh dirigió a Stewart y Sullavan en la que sería la película más famosa de la actriz, "El bazar de las sorpresas", una autentica obra maestra. Aunque posiblemente su mejor actuación fue en "Su vida intima" de Robert Stevenson y coprotagonizada por Charles Boyer. 

A pesar de enlazar un éxito tras otro, renegaba de Hollywood y siempre que podía se refugiaba en el teatro, al que veía como el lugar donde se aprendía a actuar, según comento: "Cuando realmente aprendo a actuar, puedo llevar lo que aprendí a Hollywood y mostrarlo en la pantalla" 

"¡Todavía odio hacer fotos! Y no me gusta Hollywood. Detesto el protagonismo y amo la sencillez, y en Hollywood lo único que importa es el alboroto de la fama. Si Hollywood me deja en paz para encontrar mi camino sin forzarme y apresurarme a hacer cosas, probablemente cambiaré mis sentimientos al respecto. Pero en la actualidad Hollywood me parece absolutamente horrible, interfiriendo y consumiendo. Por eso quiero dejarlo tan pronto como pueda.". 

Después de estas declaraciones dejó el cine en 1943 y se dedicó al teatro y a sus hijos. En 1950 volvió a Hollywood para hacer, la que sabía iba a ser, su última película, "Amarga sombra". 

Estaba perdiendo la audición, se había casado en cuatro ocasiones y los hijos que tenía junto a su tercer marido, Leland Hayward, la habían abandonado para irse con su padre, y esto le sumía en importantes depresiones. 

Nadie sabe desde cuando había empezado a perder el oído pero aprendió a vivir con ello, la hipótesis, es que desde que llegó al cine ya había comenzado a perderlo, por eso necesitaba constantemente refugiarse en el teatro, donde podía ver esos aplausos del público que corroboraban que seguía siendo una buena actriz. 

El 1 de enero de 1960 la encontraron inconsciente en una habitación de hotel, junto a ella había un frasco de barbitúricos y el guion de una obra de teatro que preparaba. Murió antes de llegar al hospital y se considero muerte accidental. 

 "Quizás me acostumbre a este extraño lugar llamado Hollywood, pero lo dudo." 

 Nunca se acostumbró, y siempre pensó que no le debía nada a ese mundo que terminó odiando 

"Nunca aprenderás a actuar en Hollywood. No en mil años."



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