Peter Kürten se hizo famoso en los años 20 por haberse convertido en un asesino en serie, que además, en muchos casos violaba a sus víctimas. Comenzó su macabra carrera en 1925 con el asesinato de una niña a la que quitó la vida con unas tijeras para luego beber su sangre, había nacido la leyenda de “EL vampiro de Düsseldorf”. En 1929, su año más sangriento, sembró el pánico en la ciudad con cuatro crueles asesinatos. Los ciudadanos no se atrevían a salir de casa y la policía que no tenía una sola pista ofreció una suculenta recompensa. En 1931, el asesino cometió un error, una joven que creyó muerta después de intentar asfixiarla mientras la violaba, pudo dar detalles para hacer un retrato robot. El asesino, acorralado, hizo que su mujer le delatase para cobrar la recompensa. Al juicio, en el que el asesino reconoció 79 delitos y en el que fue condenado por nueve asesinatos a ser decapitado, asistió el director Fritz Lang que no se perdió ni una sola sesión, y la historia de Kürten inspiró M, el vampiro de Düsseldorf.
Ese mismo año Lang dirigió
“M” que es la abreviatura de Mörder "asesino" en alemán, su primera
película sonora. Desde el primer momento, empezó a hacer publicidad con
anuncios en la prensa que rezaban: “El asesino está entre nosotros”. Cuando
intentó empezar el rodaje, los estudios le negaron el acceso. Todo quedó
aclarado al presentar el guion, el director del estudio que pertenecía al
partido Nazi, pensó que el asesino al que aludían los anuncios de Lang era el
mismo Fürher y la película iba a ser un alegato contra Hitler y su política.
El protagonista del Film
es Peter Lorre que interpreta a Hans Beckert al que Lang presenta como un
asesino de niñas. Lang no necesita mostrar explícitamente los asesinatos, con
la técnica del fuera de cámara, una pelota rodando o un globo volando
sutilmente nos pone en situación. La imagen del asesino está constantemente
acompañada del silbido del tema “In the hall of the mountain King” de Edvarg
Grieg. El silbido no fue interpretado por Peter Lorre que no sabía silbar y lo
hizo la coguionista y pareja de Fritz Lang, Thea Von Harbou. Este personaje que
le dio a Peter Lorre una fama mundial, también le encasilló en papeles de
villano.
Un asunto que refleja
Lang en el film y que tomó de la historia original, fue la implicación en la
búsqueda del asesino de delincuentes y mendigos de la ciudad acosados por las
continuas redadas que hacía la policía intentando encontrar. El director
conoció de primera mano cómo se organizó la busca y captura del asesino, ya que
contó en el reparto con una veintena de los delincuentes que había participado
en la caza de Kürten, incluso esa misma organización le avisó de cuando se iban
a producir redadas en el rodaje para detener a esos particulares extras y así
poder evitar sus detenciones.
Desde su primera
película sonora Lang maneja el sonido usando la banda sonora, o mejor dicho el
tema musical, como un recurso cinematográfico para ser parte fundamental de la
trama del film y no como una mera música de fondo.
Como en toda la
filmografía de Lang llama la atención una fotografía llena de contrastes, luces
y sombras en la que ya era un maestro y que abre la puerta al cine negro y al
subgénero de asesinos en serie.
Fritz Lang, en una
genialidad, nos permite escuchar un alegato sobrecogedor del asesino y la
desesperación de las madres, para a continuación dejarnos la tarea de ser
jueces.
De esta brillante manera
Lang creo una de sus múltiples obras maestras, imprescindible de ver, incluso
más de una vez, para todo aquel que se considere amante del séptimo arte.
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